Envejecimiento activo en personas mayores: cómo cuidarse durante el verano

Envejecimiento activo en personas mayores: cómo cuidarse durante el verano

El envejecimiento activo en verano requiere pautas específicas, porque incluso actividades como un paseo tranquilo pueden complicarse si no se adaptan al calor.

 

Altas temperaturas, cambios en las rutinas… Son retos que aparecen en verano y que complican el día a día y el bienestar para muchas personas mayores que buscan mantener su calidad de vida también durante los meses cálidos. 

 

Desde esta perspectiva, a continuación vamos a compartir algunas de las claves para quienes quieren promover un envejecimiento activo ajustándose a las condiciones estivales.

Consejos de envejecimiento activo en verano para personas mayores

Los ejercicios y movimientos, a la mañana o al atardecer

Los beneficios del ejercicio para un envejecimiento activo también aplican en verano, y es importante intentar no dejar de lado el movimiento en la época estival. En vistas a evitar golpes de calor o problemas de deshidratación, un primer paso es reducir esfuerzos en las horas de más calor (cuando las temperaturas superen los 28-30 ºC).

 

Por ello, las caminatas u otras rutinas de ejercicio deben realizarse pronto a la mañana o al final del día. También es importante encontrar un buen espacio para realizarlas: por ejemplo, un paseo sombreado en la naturaleza, o realizar ejercicio en un espacio con aire acondicionado. 




Hidratación y nutrición bien planteadas

Durante el verano, hay dos pilares clave para el envejecimiento activo: acceder a todos los nutrientes necesarios para tener energía y combatir problemas de deshidratación. Para conseguirlo, destacan aquí dos intervenciones clave: 

 

  • Beber suficientes líquidos, sin esperar a sentir sed, especialmente si se realiza ejercicio pero en general a lo largo del día. Entre 1,5 y 2 litros de agua se considera una cantidad adecuada dependiendo de la persona (o entre 8 y 10 vasos).


Aquí puede ser útil realizar intervenciones específicas para asegurarse de beber suficientes líquidos: desde colocar botellas de agua en lugares visibles de la casa, hasta ponerse recordatorios o asociar la ingesta a rutinas diarias (por ejemplo, beber agua tras desayuno, comida, merienda y cena).


A su vez, también es conveniente moderar el consumo de café, alcohol o tés con teína, que resultan contraproducentes en la hidratación.

 

  • Consumir alimentos ricos en agua, como sandía, melón, pepino, gazpachos… siendo las comidas del día otra oportunidad para acceder a hidratación y nutrientes.

Conocer las señales de alerta temprana

Otra adaptación importante es que conviene ser capaz de diferenciar entre fatiga y estrés térmico: si durante el día aparecen confusión repentina, piel seca sin sudoración, dolor de cabeza intenso u otros de los síntomas de un golpe de calor es preciso buscar atención médica. En caso de detección, se recomienda tratar de bajar la temperatura corporal de la persona progresivamente e hidratarla, mientras se busca asistencia médica si los síntomas persisten. 

Adaptar el entorno sin perder autonomía

Resguardarse en casa no significa permanecer encerrado todo el día. Algo clave teniendo en cuenta que la falta de movimiento y de actividad social en periodos extensos puede ser perjudicial para las personas mayores y su autonomía.

Aquí es clave organizarse: 

  • Por un lado, crear un entorno seguro en el hogar para evitar calor (bajando persianas, ventilando a primera y última hora del día, utilizando ventiladores o aire acondicionado…). Espacios que también se pueden aprovechar. Por ejemplo, las horas de más calor en un lugar fresco pueden ser un buen momento para poner en práctica manualidades de verano para personas mayores.

 

  • Por otro lado, planificar las salidas y vida social en franjas horarias seguras, evitando el aislamiento que puede además exacerbarse debido a los cambios de rutina propios del verano.

Para estas salidas, además, puede ser buena idea buscar actividades en la  naturaleza (jardines, playas, parques…): siempre que sea seguro y adaptándolo a las posibilidades de cada persona, se trata de espacios estimulantes para cuerpo y mente y para el envejecimiento activo.

Planificación, hidratación, movimiento y escucha al propio cuerpo y sus necesidades: son los pilares del envejecimiento activo que, siguiendo los consejos prácticos que acabamos de compartir, convierten el verano en una estación en la que seguir cuidando del bienestar y la salud de personas mayores.

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