Cuidados de personas mayores: cómo adaptarse a los cambios de rutina sin perder bienestar
Los cambios de horarios, entorno o actividades pueden afectar negativamente a los cuidados de personas mayores. ¿El motivo? Los cambios requieren de un esfuerzo cognitivo y emocional importante, por lo que las personas de edad avanzada a menudo necesitan y prefieren una mayor estabilidad en su día a día.
Precisamente por este motivo, las alteraciones en horarios, en las actividades que se realizan o en el entorno de la persona mayor pueden generar confusión y resistencia.
Aunque crear rutinas de cuidados para personas mayores es una de las claves para las personas que cuidan, en ciertos momentos la realidad puede imponerse y requerir de cambios. Un caso claro es el de las vacaciones o el verano, cuando pueden existir nuevas necesidades en cuanto a horarios, nuevas personas que ejercen cuidados, o cambios de rutinas alimentarias durante el verano.
Desde esta perspectiva, a continuación abordamos algunas de las claves para introducir cambios en los cuidados de personas mayores, facilitando el proceso tanto a la persona cuidada como a quien ejerce los cuidados. ¡No te lo pierdas!
Estrategias para introducir cambios en los cuidados de personas mayores
Comunicar los cambios de forma anticipada
Anticipar los cambios con tiempo va a ser fundamental, permitiendo a la persona que recibe los cuidados procesar estos cambios de forma gradual y hacerse a la idea. En este sentido, es recomendable explicar qué va a ocurrir, cuándo y por qué, de modo que se reduzca la incertidumbre y, en consecuencia, también la resistencia al cambio.
Mantener las “anclas” de la rutina anterior
Resulta imprescindible no realizar los cambios de golpe, sino de forma progresiva, y mantener en este proceso ciertas rutinas que sirvan como anclaje respecto a cómo se estructuraba el día a día hasta ahora.
Por ejemplo, si se va a realizar un viaje, puede ser útil mantener algunas actividades que se realicen de forma habitual (la hora del café, ver el programa de televisión favorito…). Se trata de conservar esa sensación de continuidad que da seguridad y estabilidad al día a día, incluso si hay otras cosas que cambian.
Priorizar la gestión emocional de los cambios
La introducción de cambios a menudo se centra en lo práctico (los horarios, las necesidades materiales…), pero la gestión emocional va a ser igual de importante cuando se trata de introducir nuevas variables en los cuidados de personas mayores. Porque, en edades avanzadas, las rutinas y tener un día a día predecible a menudo sirven como “anclaje” psicológico. Romper esa rutina implica desequilibrar este equilibrio, lo cual puede desencadenar diferentes reacciones emocionales, siendo común que aparezcan más miedos y ansiedad, además de más irritabilidad o terquedad.
Como fórmula para gestionar estos cambios emocionales, aparece el validar estas emociones, sin minimizarlas. Esto consigue crear un espacio de confianza donde la persona se siente comprendida y, desde ahí, es posible avanzar en la comunicación, transmitiendo tranquilidad de forma progresiva.
También será útil celebrar los triunfos: por ejemplo, reconocer cuando se ha logrado seguir la nueva rutina de medicación durante una semana completa, si se ha probado una actividad nueva aunque al principio produjera rechazo… Algo clave para fomentar la autonomía en personas mayores.
Aprender a detectar problemas en la adaptación
Una vez realizados los cambios, es recomendable saber reconocer si estos están funcionando o si necesitan de ajustes. Si la persona mayor no verbaliza su descontento, también pueden aparecer otras señales: irritabilidad, trastornos del sueño, pérdida de apetito… también pueden ser señales de que la adaptación está costando y de que puede ser necesario ir más despacio en el cambio o pensar otras alternativas.
Ajustar el ritmo si es necesario
Si se detectan dificultades al aplicar estos cambios en los cuidados de personas mayores, es recomendable ajustar el ritmo. Se demuestra de este modo respeto a los límites de cada persona, además de evitar conflictos o un mayor rechazo a los cambios propuestos. Igualmente, se puede valorar pedir ayuda, tanto a familiares y allegados como a profesionales, dependiendo de las necesidades concretas.
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