Bienestar del cuidador: cómo descansar sin descuidar los cuidados

Bienestar del cuidador: cómo descansar sin descuidar los cuidados

Descansar es clave para el bienestar del cuidador en todos los sentidos, ya que permite desconectar y recuperar energía frente al esfuerzo físico, mental y emocional que implican las tareas de cuidado. 

 

No obstante, las personas que cuidan suelen estar acostumbradas a ser el pilar que sostiene a los demás. Por ello, a menudo, olvidan que sus propias emociones y necesidades personales también merecen un espacio y que el autocuidado del cuidador no es algo indulgente, sino una necesidad real.

 

Desde esta perspectiva, a continuación abordamos algunos consejos prácticos sobre cómo cuidar el bienestar del cuidador: desde estrategias para planificar relevos, pedir ayuda,  y delegar tareas, hasta ideas sobre cómo reservar tiempo para el autocuidado sin sentir culpa. 

3 claves para el bienestar del cuidador

Planificar relevos: quién puede ayudarte y cómo organizarse 

Un primer paso es conseguir tiempo para centrarse en el bienestar del cuidador. Y aquí aparece la posibilidad de contactar con personas de confianza que puedan asumir algunas de las tareas de cuidado, liberando por un tiempo al cuidador principal. 

 

A nivel práctico, aquí hay varias cosas a tener en cuenta: 

 

  • Lo ideal es no esperar a pedir ayuda hasta que se llegue al límite y se detecten síntomas de sobrecarga del cuidador, sino hacerlo de forma preventiva.

  • Pedir ayuda y ponerle palabras a esa petición puede ser un primer paso que cueste. Pueden servir fórmulas de este tipo: “Últimamente he sentido que las tareas de cuidado me están sobrecargando. ¿Podemos hablar para encontrar alguna forma que me ayude a gestionarlo mejor?”. Si hay dificultades en preguntarlo en una conversación cara a cara, puede ser útil realizar una llamada o enviar un mensaje de texto para iniciar la conversación.

  • A nivel organizativo, el objetivo debe ser identificar qué tareas específicas pueden asumir las personas que toman el relevo y durante cuánto tiempo. Puede ser útil crear una lista de tareas que son necesarias y que pueden ser asumidas por otras personas, dejando que quienes se incorporen como cuidadores elijan con cuál se sentirían más cómodos según sus capacidades: a algunas personas se les da mejor realizar gestiones y trámites; otras están más cómodas ofreciendo apoyo emocional… 

  • Si hay varias personas implicadas, puede ser útil crear un calendario para registrar turnos, dando visibilidad tanto a quienes se incorporan a los cuidados como al cuidador principal, que puede así planificar los momentos de descanso con anticipación. 

  • Dar flexibilidad y tener en cuenta que, con el tiempo, será necesario revisar las decisiones respecto a los turnos ya sea por las necesidades de la persona cuidada o por las de los cuidadores.

  • Existen recursos externos que pueden consultarse para recibir ayuda puntual, desde contratar cuidadores a recursos de bienestar social. 

h3. Aprender a delegar sin sentir que pierdes el control 

Delegar puede generar ansiedad en el cuidador principal porque implica confiar en que otras personas harán las cosas de forma diferente. Para avanzar hacia lograr un mayor bienestar del cuidador, aquí es clave aceptar que existen múltiples maneras de cuidar y que otras formas también pueden ser válidas. Una idea que puede ayudar a liberar a la persona que cuida de esa exigencia de perfección que termina por agotar. 

 

Pueden ser útiles las siguientes estrategias:

  • Empezar delegando tareas concretas y de baja complejidad (hacer la compra, acompañar en un paseo…) para que delegar sea un proceso gradual.

  • Proporcionar instrucciones claras pero flexibles, entendiendo que la otra persona puede actuar de forma diferente a la del cuidador principal sin que esto suponga un problema para el bienestar de la persona cuidada.

Reservar tiempo para el autocuidado (porque también es parte del cuidado)

Aquí aparece un cambio de perspectiva importante: entender el autocuidado como una parte esencial del cuidado. Porque para las personas que cuidan, reservar aunque sea treinta minutos diarios para hacer algo que les guste (caminar, leer, tomar un café en silencio…) recarga la capacidad de estar presente. 

 

En ese sentido, conviene tener en cuenta: 

  • Incorporar a la planificación del día pequeños espacios en los que anticipar un descanso o disfrute para el cuidador. Tomarse un café tranquilo, dar un pequeño paseo, realizar ejercicio, estiramientos, ejercicios de respiración, lectura… Son actividades que, incluso en pequeñas dosis, ayudan a recargar fuerzas y centrarse en el bienestar del cuidador.

  • También intentar planificar descansos de la labor como cuidador durante periodos más largos (un día, un fin de semana…). 

  • Es común que aparezca la culpa. Será importante reconocerla como una respuesta emocional predecible, pero que no tiene por qué marcar cuál es la decisión correcta. Se trata de detectarla, nombrarla y aceptarla como parte del proceso, lo cual permite reducir su intensidad.  

  • Trabajar en establecer límites tanto ante uno mismo/a como ante los demás, aprendiendo a decir “no” cuando es necesario y protege el bienestar del cuidador.

  • No descuidar alimentación, ejercicio ni descanso, bases del bienestar del cuidador. Para el bienestar mental y emocional, mantener vínculos y relaciones que nutran con amigos y familia y buscar apoyo psicológico profesional si es preciso.

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