Alimentación en verano para personas mayores: consejos para cuidadores
La alimentación en verano para personas mayores debe moverse en torno a dos prioridades: combatir la deshidratación y proporcionar los nutrientes necesarios para el bienestar y la salud.
En la época estival, aparecen cambios importantes en las personas mayores: con mayor calor y humedad, también aparece un menor apetito; por otro lado, las personas mayores tienen un mayor riesgo de deshidratación. Esta combinación de factores hace que prestar atención a la alimentación en verano sea crucial, como herramienta para evitar problemas de salud relativos al calor (que pueden ir desde la fatiga a empeoramientos cognitivos, golpes de calor…)
Desde esta perspectiva, a continuación abordamos algunos consejos prácticos para cuidar la alimentación en verano en personas mayores. ¡No te lo pierdas!
Las claves de alimentación en verano para personas mayores
Priorizar la hidratación
La alimentación en verano es una aliada clave para mantener buenos niveles de hidratación, imprescindible para mantener la salud. Esto puede hacerse de varias formas.
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Ofrecer líquidos de forma constante durante el día, ya que el cuerpo pierde más agua con el calor pero la sensación de sed disminuye con la edad. Desde el punto de vista de las personas que cuidan, conviene establecer momentos para beber a lo largo del día, incluso si la persona mayor no lo pide de forma explícita, siendo recomendable un mínimo de entre ocho y diez vasos de agua diarios, ó 1,5 y 2 litros.
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Para las personas para las que el agua no es apetecible, funciona el añadir sabores naturales, rodajas de fruta fresca o hierbas como menta y albahaca. Incorporar infusiones sin cafeína también puede ser útil como alternativa.
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Es clave también moderar el consumo de café, té con teína y alcohol, ya que tienen efecto diurético y aceleran la eliminación de líquidos, con lo que fomentan la deshidratación.
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Finalmente, la alimentación en verano es también un buen momento para aprovechar alimentos con alto contenido en agua, como sandía, pepino y cítricos, que aportan altos porcentajes de agua en su composición y contribuyen a una buena hidratación y nutrición. Se trata de opciones especialmente útiles para personas con menos apetito o dificultad para tragar líquidos en grandes cantidades.
Optar por comidas más ligeras
La alimentación en verano para personas mayores a menudo se centra también en sustituir los platos más calóricos y pesados por ideas más ligeras: ensaladas, gazpachos y sopas frías, fruta, carnes y pescados ligeros… Se trata de adaptar las comidas a un momento en el que existe menos apetito y, a la par, facilitar la digestión.
Cuidado con la seguridad alimentaria
Cuando suben los termómetros, hay algunas precauciones a tomar para reducir posibles microorganismos peligrosos, especialmente para personas cuyo sistema de defensas sea más débil. Para evitar riesgos, es recomendable:
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Proteger los alimentos y la cadena del frío, manteniéndolos en neveras portátiles con hielo o acumuladores de frío. Esto es especialmente importante si se hacen comidas al aire libre.
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Refrigerar las comidas cuanto antes, ya que dejar platos fuera del frigorífico varias horas crea las condiciones perfectas para el crecimiento bacteriano.
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Ser constante en el lavado de manos antes de manipular alimentos, siendo las manos una vía común de contaminación cruzada.
Centrarse en comidas ricas en nutrientes
En verano, los pilares de alimentación saludable para personas mayores que siguen siendo válidos apuntan a conseguir un equilibrio. Para ello, se trata de incorporar frutas, verduras, proteínas magras, cereales integrales y grasas saludables, que consiga un aporte completo. Además de algunos de los superalimentos para personas mayores, algunas ideas para la alimentación en verano de personas mayores incluyen:
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Opciones de desayuno:
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Batido de sandía y fresas con yogur natural, acompañado de una tostada integral con aceite de oliva virgen extra.
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Yogur griego natural con granola casera y frutos rojos congelados.
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Para la comida:
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Gazpacho andaluz casero seguido de merluza a la plancha con ensalada de canónigos.
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Lentejas frías en ensalada con tomate, cebolla morada, pimiento verde y huevo duro.
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Para las cenas:
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Crema fría de calabacín y menta, acompañada de una tortilla francesa con espinacas.
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Bastones de apio y zanahoria con hummus de garbanzo.
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Para almuerzos o meriendas:
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Rodajas de melón fresco
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Macedonia de frutas de temporada.
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