Adherencia al tratamiento: cómo organizar la medicación de una persona mayor
La adherencia al tratamiento para las personas mayores es un asunto de máxima importancia, pudiendo marcar la diferencia en su bienestar y en la capacidad terapéutica de los tratamientos.
Un proceso que puede complicarse por la complejidad para la gestión de una gran cantidad de medicamentos (un 30% de las personas mayores de 60 años consume cinco o más medicamentos cada día; siendo un 45% para el grupo entre 85 y 94 años, según cifras oficiales). Además, posibles deterioros cognitivos pueden impedir garantizar que, de forma independiente, se vayan a realizar todas las tomas.
Todo ello apunta a la necesidad de seguir un sistema para garantizar la adherencia mediante rutinas y herramientas que faciliten la toma de medicamentos correcta.
Desde esta perspectiva, a continuación compartimos algunas de las rutinas y herramientas prácticas que pueden servir de apoyo para fomentar la adherencia mientras se apoya la autonomía en personas mayores. Además, también nos detenemos en el rol del cuidador como apoyo para facilitar esta adherencia.
Consejos y rutinas útiles para fomentar la adherencia al tratamiento
Más allá de las pautas que compartimos a continuación, es recomendable valorar qué rutinas pueden funcionar en cada caso específico mediante consulta con profesionales médicos que verifiquen el plan para la adherencia de forma personalizada.
Vincular rutinas con medicamentos
Vincular la toma de medicación con hábitos ya establecidos supone una intervención sencilla que puede dar resultados en adherencia al tratamiento. Por ejemplo, tomar la medicación al despertarse, al lavarse los dientes, con las comidas…
Otro consejo que a menudo resulta útil es el colocar medicamentos en lugares visibles y relacionados con actividades rutinarias, que se llevan a cabo en el día a día (por ejemplo, colocarla junto al cepillo de dientes, junto al paquete de café…).
Cómo utilizar los pastilleros para fomentar la adherencia
Otra intervención relativamente sencilla pero con potenciales beneficios es el uso de organizadores semanales de medicamentos, que dividen las tomas en compartimentos para cada día y momento (mañana, tarde, noche…). Igualmente, también existen organizadores mensuales, en el caso de tratamientos estables de larga duración.
De optar por esta herramienta, se deberá dedicar un momento semanal (por ejemplo, el domingo por la tarde) a rellenar el pastillero de la semana siguiente siguiendo el orden necesario. Después, el pastillero se debe colocar en un lugar visible, para evitar olvidos.
Establecer alarmas
Se pueden activar alarmas sencillas en el móvil o buscar alternativas, como relojes con alarma por vibración (para personas con problemas de audición) o recordatorios con voz grabada.
Conviene tener en cuenta que los recordatorios en persona o telefónicos pueden resultar más efectivos. Por ello, puede ser útil combinar las alarmas con un seguimiento activo por parte del cuidador o de profesionales sanitarios, cuando sea posible.
Calendarios de tomas
Llevar un registro visual también aparece como herramienta para facilitar la adherencia, posibilitando un mayor control sobre los horarios de administración de medicamentos.
En la práctica, puede optarse por varios formatos: desde un calendario mensual en la nevera con casillas para marcar cada toma completada, a un cuaderno específico (dividiendo las hojas en columnas para la hora, el tipo de medicación y otros factores relevantes).
¿Cómo puede el cuidador favorecer la adherencia al tratamiento en personas mayores?
En lo que respecta al papel del cuidador, un buen consejo general puede ser el de tratar de encontrar el equilibrio entre garantizar la adherencia al tratamiento y fomentar la autonomía de la persona mayor.
Desde esta perspectiva, puede servir como regla general que la persona cuidada se responsabilice del tratamiento en la medida de sus posibilidades. Una regla general que puede traducirse en diferentes situaciones: algunas personas podrán organizar por sí mismos/as la medicación y las tomas, con un seguimiento semanal por parte del cuidador; para otras, el seguimiento deberá realizarse para garantizar cada toma; en otros casos, puede que sea la persona cuidadora la que deba dedicarse a organizar la medicación… Aparece así una variedad de combinaciones en las que el rol del cuidador puede variar en grado de implicación.
Más allá de la supervisión respecto a las tomas y la organización, hay otros roles específicos que a menudo recaen en el cuidador:
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Implicarse en la vigilancia de efectos secundarios y comunicarlos cuando sea necesario.
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Garantizar una comunicación fluida con la persona cuidada sobre posibles cambios, efectos o preocupaciones sobre la medicación.
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Fomentar una comunicación abierta con los profesionales médicos que diseñan el tratamiento farmacológico, confirmando que se están siguiendo los horarios y las pautas adecuadas.
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